El pueblo Michelin

Publicado en por chef ABDUL


Cayó una estrella y Gombrèn se sitúo en el mapa; esta pequeña población de 240 habitantes situada en el Ripollès, en las idílicas tierras gerundenses, recibió con el mismo entusiasmo que los grandes la prestigiosa estrella, que ha tocado al restaurante de la Fonda Xesc, cuya casa data de 1730 y en sus rústicas instalaciones encontramos buen alojamiento y mejor comida. No deja de ser curioso, que la afamada distinción ubique a un pueblo en el mapa; una gran oportunidad para atraer a los más sibaritas desde cualquier punto geográfico en busca del sabor de lo auténtico, en la inmediaciones de este pequeño rincón del planeta donde los pocos vecinos se dedican a la actividad industrial, a la ganadería, y ahora, supongo que más que nunca, al turismo.

Sin embargo, una podría imaginarse que La Fonda Xesc da trabajo a un porcentaje importante de la población activa de Gombrèn, ya sea directa o indirectamente; también sería lógico pensar que a más de uno les une un parentesco familiar; con lo cual podría deducirse que la población de Gombrèn es una gran familia. Y tras ser tocado con la estrella Michelín, a la hora de comer se reúnen todos los vecinos del pueblo en el restaurante para degustar y probar los nuevos platos del chef, lo cual origina una gran fiesta y un intenso y apasionado debate sobre las grandes creaciones del estrenado Michelin. Ahora bien, esto solo podría suceder de lunes a jueves, porque el fin de semana visitan el restaurante los recatados y epicúreos turistas procedentes de la urbe que vienen buscando el auténtico sabor rural de las manos del nuevo chef estrella, cuya distinción le confiere selectividad, y ver a todos los habitantes del lugar embutidos en el condecorado local les podría desconcertar. Pues aquellos turistas viajados que buscan el exotismo rural, lo encuentran en lo tipificado: un pastor paseando el rebaño, un labrador trabajando en el campo, una vaca en medio del camino o una señora mayor con la piel curtida del frio, que arrastrando su carrito vaticina que mañana lloverá. Pues el tiempo pasa despacio en territorio agreste; la propia existencia recupera el significado…. Siempre que cada cual ocupe su lugar, pues si movemos las piezas de sitio, podríamos enturbiar la paz interior que busca el turista viajado, y si se encontrase a cada uno de los habitantes de Gombrèn en el afamado local: quién pasearía al rebaño, quién labraría el campo, y quién anunciaría el mal tiempo…. Por lo tanto, de viernes a domingo los vecinos de Gombrèn cumplirían estratégicamente con las expectativas del turista estándar, pues la misma anciana que vaticina el mal tiempo, augura que cada vez serán más.

Que equivocada estaría si pensara así, ¿no?... pero la noticia me hizo recordar aquel famoso y genial anuncio de la fabada asturiana, donde aquella moderna señora se apresuraba en cambiarse la indumentaria para recibir a los turistas y aparentar lo que ellos buscaban ver, a la par que les ofrecía una “auténtica fabada asturiana”. En fin, lo cierto es que hay una más que marcada tendencia hacia lo auténtico, lo simple y lo natural, tanto en el entorno como en la comida. La estresada vida urbana, exige mucho y ofrece poco. Las personas necesitan, buscan lugares que sean remansos de paz para recargar las pilas y remontar su ajetreada cotidianidad. La armonía entre entorno y comida es un gran reclamo para satisfacer esta necesidad en aumento Y tanto La Fonda Xesc como el pueblo de Gombrèn, parecen reunir todos los requisitos para que el viajero y comensal encuentre lo que busca.

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